Voz nuda de Anouk Guiné
Miguel Rodríguez Liñán
Estas notas algo ampulosas se
refieren exclusivamente al corpus de Voz Nuda*, no a
la segunda parte del poemario (Vertical del
desencanto). Se me han ocurrido a medida que, lápiz
en mano, transportado por la lectura pero muy atento
a ésta, escudriñaba curioso este libro. Me impactan
la forma y el contenido de los versos. Son estos
incisivos, fragmentados por momentos, de corto
aliento acezante. Siento un ámbito de cierta
sofocación, de algo que necesita ser repetido. De
territorios mil veces explorados y descubiertos,
agobiados por la luz y su ausencia, iluminados en
claroscuros —como fulgores y opacidades—. Estos
versos finos determinan el tejido poético, donde se
adivina un discreto afán de composición, de simetría.
La desolada náyade solitaria de los últimos
estertores del poema, seguramente, está relacionada
con el mar ritual de amor de los inicios, y allí
prosigue su búsqueda. Toda primera obra constituye
un desafío. He leído con agrado el libro en francés
y en castellano, buscando un elemento clave, para mi
gusto, de la composición poética: la
sonoridad-asonancia. La música por dentro aliterada.
Si a este criterio me atengo, afirmo que el libro de
Anouk Guiné es límpido. Ahora comento algunos
aspectos que siento como vertebrales en el corpus,
organoléptico por momentos, de Voz Nuda.
Mar a mar
Ritual
Fulgor de verdades
Fuegos de piel
Retinas estrellas
Entre los cuerpos
La piel como una verdad parchada
Con deslices de un amor subversivo
Que no supo callar (...)
Fuerza enjaulada
Donde mi sombra
Se arrastra en cenizas
De un viento ahogado
Que dejó su muerte
En tu vacío
Amor disoluble
Seda quemada
En excesos
De la voz ajena (...)
Nos desnudas...
Indecente disidencia
De seda en desacato
Te has destilado
Dístico
Díada díscola
Soy raíz de seda
Hierro y luz fetal
In-definida en ti
Moldéame sin pedir
Y te haré sin fin (...)
Me detengo en unos versos
reducidos a su expresión mínima —una sola palabra,
en: hambrientas (sal de salivas / hambrientas), pág.
22; en: ceñido / abreviado, pág. 30; o en verbos:
desbórdame / afloraste, págs. 31, 36; o en adjetivos:
intemporal / intransitable, pág. 40— y siento esta
presencia del verso único como un gong, como un
punto y aparte sonoro. Cuando son dos palabras, es
un doble gong. Es que subyace el desgarramiento; y
la fusión amorosa parece abocada a la soledad. El
dos en uno, y el uno en cero. Sin embargo es posible
dar cara a la separación (la ruptura, la ausencia,
la muerte) dándole forma, por así decirlo, de vacío.
De vacío redentor por supuesto, pues de él surge la
palabra erótica plena, la voz desnuda.
Nos frutalizaremos
En aguas de frenesí
Tu piel mi alba
Mi umbral
Dime amar
Dime (...)
Noche luminosa
Donde los cuerpos
Se piensan
En la verdad ínfima
De nuestras huellas (...)
Escucha mi canto en ti depositado
Despertar de tu piel en desorden
De tu voz desgarrada
Tu sangre fatigada (...)
Arrastro
Desgarro
Disuelvo
Gritos
En nucas atrevidas
Deliciando
Sal viva
De salivas
Hambrientas (...)
Aquí, las formas más directas de la experiencia
amorosa son expresadas con la delicadeza de la
sugestión, entre pudorosos claroscuros de la memoria
sensual, con Eros mezclado de silencio y ausencia y
vacío.
Invéntame entera
A raíz
Sábana muda del grito plural
Nuda a grito letal
Un rayo color fe
Dibujado en ti
Suspiro inacabado
Que descansa
En tu borde
Mi alivio
Derramo en ti
Lo infinitamente
Rojo acrílico
De mi verbo
Repto
Trepo
Los instersticios
Del tabú
Líquido
Tabú ácido
Que arranco
Y respiro (...)
Siento esto como dominado por una
zona de sombras donde los cuerpos, enardecidos por
el abrazo, fulminados, solicitan la participación de
una luz helada. Algo que apaga y cauteriza. Veo una
fisura húmeda por donde sale, de la entraña
matricial, el verso también húmedo y brillante de
sangre, como un recién nacido, puesto que la poesía
nos exige parir. En este libro, siento algunos
fragmentos del poema como desmembrados con tierna
crueldad; con delicadeza. Algunas palabras quieren
destruir lo que construyen, como esos versos donde
domina la asfixia; ésta, origina una ruptura de
sintáxis... en beneficio de la sonoridad:
(Mátame a pesar de
Me inicio en ti
En tu tiempo sin mi
Yo iris de tu paz
Tu consecuencia
Tu hipótesis)
Y versos arriba la poeta dice:
Lágrimas en revolución
De un sol que seca tu sangre
Dormida en mí
Abrir palabras
Sobre dolor
Sílabas verdes
De piel naciente (...)
La voz desnuda anda en busca
constante de una apertura, ¿hacia qué? Hacia la
claridad o a la oscuridad del laberinto, de lo
inextricable, donde hay una presencia —el Otro—
parecida a un minotauro que mata y al que es preciso
matar. Monstruo o ángel, éste parece ajeno a los
avatares del amor. O, quizás, la experiencia amorosa
es una metáfora. Y el monstruo es el lenguaje. Éste
intenta expresarse con la desesperación de querer
decirlo todo, pero ahogado en su asfixia esencial
(la mudez, la imposibilidad del lenguaje de Bataille).
Una blanda flor
Iniciándose en ti
Incisión ardiente
En la palabra muda (...)
La voz es también múltiple. Es
una maraña de voces. Es un nudo. Es agua que fluye
en correntadas turbulentas. Busca salir de estas
hacia las aguas claras –el cristal, el despojamiento,
la palabra desnuda y precisa. Hacia la noche
luminosa donde los cuerpos se piensan en la verdad
ínfima de sus huellas, como dice la poeta... o sea
que el vértigo de los cuerpos es la noche. Y, ¿dónde
está la verdad? ¿en la luz o en la tiniebla? Y, ¿por
qué terrenos transitan los cuerpos que no dejan
huellas sino trazas? El cénit del contacto entre dos
soledades, es el acto amoroso, no la simple cópula.
Esta separa. Sin amor la comunión es irreal. La voz
que clama y canta aspira algo que trascienda la
cópula, simple puente de una otredad hacia otra.
Pero la incertidumbre, pero el olvido... la ilusión
del sentimiento...
Sentires cercanos
Mano amiga mano
Derretida en tiempos
De olvido
De intento
De ti
Que no supiste (...)
En la poesía de aliento
entrecortado de Voz Nuda, los cuerpos, esos lejanos
irrevocables, sólo convergen en la plenitud del
abrazo sensual... que también es separación, ya que
los amantes aparecen como expatriados de la unidad,
como disidentes de ésta. Para mejor degustar el goce
carnal, la voz transforma los cuerpos en frutas. Y
el verbo-verso amor aparece como una súplica. Luz,
polvo, sangre, seda, acero y otros símbolos suben a
la palestra. Aquí, claman el grito y el silencio,
dirigiendo entre brumas su voz de doble faz al
amado, el depositario del canto. En varias
secuencias del poema cohabitan pues el grito y algo
parecido a su antípoda, el suspiro, que es como un
grito hacia adentro. La voz no es crédula sino
creyente, fiel en el sentido religioso de la
palabra, y algo reivindica con su canto.
Presencia de colores en el poema.
Rojo vino, rojo sangre, rojo acrílico: intensidad y
angustia con que sale la palabra poética. Esta no es
soluble; no es acuarela sino acrílico, de pronto
óleo, ambos tenazmente fijados a la página como los
colores a la tela del pintor.
Cuerpos a la deriva parecen ser
los que flotan en las aguas sobrias y dolidas de Voz
nuda. Son retazos, aristas de cuerpos. Nucas, manos,
retinas, bocas, pieles; y también: dolores,
cristales, espasmos, ausencias... tal vez guiados
por un faro cuyo haz aparece y desaparece en la
niebla, dejando jirones de luz y noche. El organismo
entero parece implicado en un quejido angustioso:
(En un grito / Te vi / Lloraban
venas / De tus manos a mi raíz) cuya materia es el
tiempo donde, tal vez, la incertidumbre ha de
resolverse ( cómo?) en el otro: Aquel segundo / Nos
recorre / Y nos desborda / segundo esparcido / en la
meta de tu luz
Irrumpe más allá el color azul.
Luego se repite como un leit motiv intermitente en
otros pasajes del poema, ya que Voz Nuda es un solo
poema, una composición. Deseo azul, venas mi azul,
azul zahorí, azul complementario.
Hombre de mil desiertos
Tal inédito cielo
En el tumulto
De tu mirar
Azul zahorí
Te llevo en mí
Profecía
Tu verdad me entreabre
Me atraviesa
Pudor líquido
De azul complementario
El ritmo de todo el poema es como
sombreado con rayas, entrecortado, a veces en
suspenso, exento de puntuación, cuya barca navega de
un islote verbal a otro, en busca de extrañas
correspondencias, a través de una variada geografía:
Coruña (agua dulce de mar / acristalada en la piel),
Río de Janeiro (piel inicial / de cumarú y cumbarí),
Londres (náyade sola / desolada). La voz que respira
el poema se muestra rota, herida, desbordada,
tumultuosa, suspirante, marcada, absorbida, surcada,
inventada, como una barca entre peñascos y escollos
donde va dejando jirones de piel. Hay silencio en el
navegar. Hay vacío. Y, también, una forma de sosiego,
de paz interna...
No es más que la vida
Llevándote desnuda
Por el silencio
De ojos solos
Fragmentos de mí
Al alba
... donde parece afirmarse en un
remanso de feminidad, antes de continuar su travesía
tumultuosa, que es su razón de ser y su negación.
Porque de esto se trata, al final de cuentas. Atrás
quedan espasmos y goce; bruscamente, la voz se
confronta al olvido y la noche, esos correlatos de
la muerte. Los cuerpos, conscientes de su inanidad,
permanecen como flotando en las aguas del tiempo, ya
desprovistos de todo, confrontados a su realidad
última, prefigurando el silencio.
Vena de dulces tinieblas
Donde el ojo perdido
En el génesis del alba
Vistió de nostalgia
La clavícula del deseo (...)
En ti déjame vivir
De ojos sedientos
Hasta matarme de muerte soleada
Y abrir en nuestro vientre
La eternidad (...)
Agote el espasmo del querer
En estéril sendero
Con vistas a esbozo de agonía
Fue un ser sin estar
Una nada con vida
Y leer en la piel
Un te amo olvido
Aix-en-Provence, 22 de abril del 2005
Anouk Guiné: Voz Nuda. Voix nue .(Edición
bilingüe) Editorial El tambor arlequín, Medellín,
Colombia, 2004.
© 2005, Miguel Rodríguez Liñán
Escriba al autor:
miguel2@club-internet.fr
Rodríguez Liñán, Miguel: «Voz nuda de Anouk Guiné»,
en Ciberayllu [en línea]
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