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Colofón
a Voz nuda
Jorge Nájar
Voz nuda —¿Palabra muda?—
enarbola desde su título un deseo de jugar con los
códigos lingüísticos. Pero además está presente una
voluntad de marcar los espacios de un proceso de
desnudamiento. Mas, al tratar de descifrar su
melodía, no he podido dejar de pensar en la máxima
Zen: «Si encuentras a Buda, mátalo. Si encuentras un
guardián de la ley, mátalo.» Y eso tal vez porque
YasunariKawabata nos dejó dicho que en esas dos
expresiones se resumía el destino inevitable del
arte. La desnudez de AnoukGuiné, hecha de palabras y
de sonoridades extrañas, tiene además la cualidad de
hacernos pensar en quienes desde siempre se han
enfrentado con la aventura del poema: los unos
avanzando por el filo de un precipicio en nombre de
la luminosidad y de la transparencia; otros
hundiéndose en el anhelo de ganar la piedra oscura
del corazón amado; los más iluminados soñando con
convertir el poema en un metal ardiente —un pequeño
sol, dijo Odiseas Elytis—, luz para orientarse en la
oscuridad. Por momentos aquí convergen todas esas
propuestas y su confrontación con la palabra traduce
una manera de patentar en un tiempo y una
circunstancia determinada el estado mental del
personaje lanzado a esta aventura.
Durante la lectura de Voix nue,
me puse a imaginar a su protagonista en la posición
de una flor de loto a bordo de una embarcación que
cruza los mares de la existencia, deshaciéndose de
sus estorbos, soltando descargas de luces
multicolores y vibraciones de sonidos oscuros en
medio de la tormenta. El anhelo del poema como acto
de purificación queda así planteado y avanza dando
manotadas en la oscuridad, creando propias y ajenas
sorpresas ante los giros, los espejeos de la luz,
las sonoridades familiares o extrañas que van
adquiriendo las composiciones ya que esos pasos,
esas voces, los aciertos o su contrario, a veces,
penetran en espacios más allá de lo imaginado. Se
trata de una aventura desconcertante por la voluntad
de secreto que se transparenta no sólo el título en
español, enigmático, misterioso, indescifrable, si
no viniera en nuestra ayuda su versión francesa: una
navegación hacia la desnudez de la voz que es el
reflejo del alma, si no el alma misma. Así, de
entrada, se abre esta navegación instalándonos en la
inmensidad del elemento: «Mar a mar/ ritual...» que
no supimos por qué extraña razón al llegar al
francés se había convertido en «Meramour/ immuable...»
Se comprende el verso español como una propuesta de
viaje ritual de un mar a otro. En cambio la
propuesta en francés nos hace pensar en el amor por
un mar eterno, impasible, sin mudanza. Convengamos
pues que estamos ante propuestas semánticas
diferentes, unidas, tal vez, por una sonoridad
cercana: «Mar a mar» — «Meramour». Como si confesar
el amor resultara más fácil y cristalino en la
lengua materna. Como si el amor tuviera necesidad de
enmascararse en la inmensidad del mar. De todas
maneras, a partir de esos dos puntos disímiles
despegamos y nos hundimos en los mares turbulentos
de la pasión. Aviso, pues, a los navegantes: en el
Cabo de Hornos arden las velas, en el Estrecho de
Magallanes se han roto los mástiles por «los
deslices de un amor subversivo que no supo callar».
Si bien es cierto que todos los
modos de cognición intervienen en el desafío del
poema, pues todos son y están dentro del lenguaje,
con un poco de fortuna, mucha intuición —soplo,
gracia, dicen los creyentes— y manejo peculiar de
los elementos, hay quienes producen la maravilla de
transportarnos a un espacio y a una circunstancia en
los que nadie había estado antes, o tal vez sí, pero
de otra manera, con otra melodía, en otro tiempo,
rodeado de otros guerreros, en barcas que surcaban
otros mares. Eso me parece que le ha ocurrido a
AnoukGuiné en este acto de desnudamiento en dos
idiomas. En esos espacios lingüísticos a través de
los mares de la existencia, ella ha trazado sus
lindes. «Derrumbar mares en ahogo/ hasta abrir en tu
seno/ la fuga más alta...» y su correspondiente
«versión» en francés, son vibraciones musicales. No
estamos pues ante poesía traducida sino ante la
expresión de un mismo sentimiento vertido en dos
lenguas vecinas, es cierto, pero como si en la
conflagración del mundo, en la expansión del ruido y
la furia de Babel, al sentimiento del poeta ya no le
bastara una partitura exclusiva y única para
convertirse en música; porque poesía es sobre todo
la escritura de una partitura a partir de la cual
otros intérpretes, con otros instrumentos, con otras
herramientas lingüísticas, si cabe y si llega esa
fortuna, se atreven a formular sus propuestas
tratando de ser lo más fiel posible a la matriz de
base. Quede claro, pues, el español y el francés son
el coto privado de esta autora.
La escritura, el poema entendido
como un acelerador de la conciencia y de la
imaginación me ha transportado a una travesía de
extramares, al canto de las sirenas y a una imagen
de Géricaux: Le radeau de la méduse. ¿Y quién o
quiénes están detrás de ese «tú» acusado repetidas
veces a lo largo de esta navegación? Embarcados en
ese viaje sea pues el descubrimiento de esos
compañeros de naufragio una de las posibles lecturas
de esta odisea. Y ya que hemos dicho que estamos
ante una voz que se desnuda por amor o desamor, ese
«Tú» es pues el anónimo pronombre detrás del que se
hallan los dueños de los afectos trenzados durante
la deriva. La poesía está enamorada del instante,
como decía O. Paz, y quiere revivirlo en un poema.
Lo aparta de la secesión y lo convierte en un
presente fijo en pos de las razones del amor
extraviado en las tormentas, en la imposibilidad de
asirlo: «Tiempos/ de olvido/ de intento/ de ti/ que
no supiste.» En Palermo es una silueta que la ata a
los latidos de una prosa venal. En A Coruña ella
despierta con el alma surcada del ausente. En
Atacama trata de prolongar ese cuerpo en una ternura
de sal. En Río de Janeiro canta sangre de lágrima
«sólo a un paso de ser». Y «en la vena herida/ de
una tierra de amapolas» sangra por la ausencia del
amor o del amado. Y la vemos también en Londres
entre las lágrimas de la ausencia de un amor
desamparado. La odisea continua en esta travesía de
extramares como si cantar verdades en esa deriva
sirviera para continuar la aventura humana. Escribir
para sobrevivir a los estragos de la propia
existencia. Escribir en un espacio terriblemente
arruinado por los estragos del desamor. Instintiva
más que concientemente, presumo, hay en la última
parte de esta música dolida un anhelo de llegar a
puerto para llenar las formas sobrevivientes de esa
aventura con sus propios contenidos. Una nueva
aventura del Ulises contemporáneo. De ahí tal vez el
tinte oscuro de su voz. Y claro, quien haya
experimentado alguna vez el acierto que producen las
palabras para acelerar la imaginación del lector,
reincidirá, más que seguro, hasta convertirse en un
adicto, pues sólo con la adicción a la palabra se
consiguen esos efectos.
Para citar este documento:
http://www.andes.missouri.edu/andes/
Comentario/JN_VozNuda.html
© 2006, Jorge Nájar Escriba al
autor:
jorge.najar@libertysurf.fr
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